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La buena felicidad, dicen, que no se nota

Se jugó la cuarta fecha de la Liga Cruzdelejeña de Hockey Social con finales intensas y emotivas

Por Juan Mazzeo, cobertura especial e improvisada para La Idea

En pleno ambiente futbolero mundialista, mi amigo Kurt Lutman (futbolista, escritor, leproso y militante de rescatar las simples cosas que le dan sentido a la vida) dice en un posteo de su feibuc, luego de la victoria de Argentina frente a Cabo Verde: “Hay partidos donde hay dos ganadores más allá de los porotos. Talento contra talento. Cuerpo contra cuerpo. Historia contra historia. Las chapas (acostumbrémonos) a la hora del huracán, no sirven para nada, vuelan por el aire.”

El domingo 5 de julio se jugó la cuarta y última fecha del torneo Apertura de la Liga Cruzdelejeña de Hockey Social, donde hubo muchas ganadoras y solamente perdieron aquellos y aquellas que siguen sin aprender que, de la derrota, como del error, también se aprende.

Pasaron cuatro fechas, cuatro domingos donde aprendí mucho de hockey, desde reglas hasta estrategias de juego, pasando por el dolor de un bochazo, el penal australiano, el choque de palos en el silbato inicial, las arqueras que parecen Transformers y los gritos en las indicaciones de las técnicas. No le presté mucha atención a las señas de las y los árbitros, materia pendiente para el próximo torneo. Sigo destacando el enorme trabajo de los cuatro clubes (ahora 5) que lo dejaron todo para que el torneo pueda realizarse. Si lo que ví es un montón, lo que hicieron para que todo suceda habrá sido descomunal. Con aciertos y errores, sigo reivindicando en gran trabajo que hicieron para poder volver a las raíces de todo deporte: una acción social tremenda, de un impacto de la memoria, en la identidad de cada niña y adolescente que se convierte en “jugadora”, en “deportista”, junto a un colectivo de compañeras que se predisponen a aprender, a alentarse, a sostenerse en las adversidades, a recuperarse de las frustraciones y volver a caminar, codo a codo. Porque sí, la vida es eso: caminar, caerse, levantarse, caminar, caerse, levantarse, caminar, y cuando es con otras, con otros, levantarse es sencillo. Porque nadie se salva solo, sola, nos salvamos con otros y otras.

Es que estamos tan atravesados por una cultura de “éxito” a cualquier costo, de que perder es sinónimo de “fracasar” y que la “frustración” trae un castigo social cual peste del apocalipsis. Un mensaje que lleva a formar postura idiota y miserable que se utiliza para romper todo lazo social de amistad, compañerismo, solidaridad y trabajo colectivo. Con esto no quiero ponerme en un lugar de moralista superado, lejos estoy de eso. Fui intento de jugador de fútbol que perdió finales y lloré e insulté a todos los santos, y me colgué del alambrado para refregarle nuestro triunfo a mis rivales como hincha, gritando desaforado hasta quedarme sin voz. Fui eso y más. Pero también aprendí que la vida te da revancha, y que ese “partido de vuelta” es con uno mismo, para aprender y superarse, porque podemos ser “rivales” pero jamás enemigos.

Con la cámara rescaté dos situaciones que, para mí, son escenas a destacar y que deben, como adultos, ser nuestro faro. Las dos imágenes son de abrazos entre jugadoras rivales al finalizar el partido, abrazos que sostienen, consuelan y le dan sentido a todo el sacrificio que significa ir a entrenar con frío, calor, viento, y luego ir un domingo a las 9 de la mañana a jugar, preparar la ropa, el mate, el delineador de pestañas, algo para comer, la botellita para el agua. Para mí, esos abrazos significan que vale la pena todo eso. Y captar esas imágenes me siguen conmoviendo hasta las lágrimas. Los jugadores de la selección de fútbol lo hicieron luego del partido con Cabo Verde, con miles de cámaras registrando ese momento y nosotros lo aplaudimos, lo festejamos, pero cuando pasa al lado nuestro, “en vivo y en directo”, es como que minimizamos esos actos. Por suerte, otra vez, las infancias nos marcan el camino a los adultos, a los que supuestamente “ya sabemos todo de la vida” y que nos olvidamos que las infancias NO son el futuro, SON el presente. Y qué lindo que nos hagan despertar de nuestra idiotez de “adultos” para volver a las simples cosas que le dan un sentido hermoso a la vida.

En agosto, mes de la Pacha y de San Cayetano, comienza la segunda etapa de la Liga y una nueva ilusión para ese centenar de niñas, niños, adolescentes y adultas que se encuentran para disfrutar de un deporte hermoso que se va expandiendo y consolidando en toda la región. Mis felicitaciones a toda la gente “anónima” que sostiene ese gran trabajo social desde el deporte: La Victoria, Corzuelas, Soto Unidos, Olayón y Belgrano.

Como “exiliado” que fue “adoptado” por esta ciudad, siento mucho orgullo y felicidad por ese grupo de personas que le meten el pecho desde el deporte al trabajo con las infancias y adolescencias, porque criticar detrás de una pantalla de compu o celular lo hace cualquier idiota, pero “hacer algo” es para valientes, como dice Patricio Rey “vivir, solo cuesta vida”, y cuidar a las infancias y adolescencias es urgente y necesario.

Brindo por ustedes, por ese hermoso acto de amor, ese acto político de sacar a las pibas de las redes sociales, de la virtualidad para vivir la vida real. Sí, el deporte también ES un acto político, como toda acción que interviene en la vida de otra persona.

Nos vemos en la próxima.

Pd: gracias, de corazón, por el reconocimiento que me hicieron el domingo, y ojalá que las fotos acompañen a la difusión y crecimiento del enorme trabajo que hacen desde el deporte.

Pd 2: se viene el día del amigo, de la amiga, así que les dejo un cuento del gran Dolina

Cuando un grupo de amigos no enrolados en ningún equipo se disponen para jugar, tiene lugar una emocionante ceremonia destinada a establecer quiénes integrarán los dos bandos. Generalmente dos jugadores se enfrentan en un sorteo o pisada y luego cada uno de ellos elige alternativamente a sus futuros compañeros. Se supone que los más hábiles son elegidos en los primeros turnos, quedando el final para los troncos. Pocos han reparado en el contenido dramático de estos lances.

El hombre que está esperando ser elegido vive una situación que rara vez se da en la vida. Sabrá de un modo brutal y exacto en qué medida lo aceptan o lo rechazan.

Sin eufemismos, conocerá su verdadera posición en el grupo. A lo largo de los años, muchos futbolistas advertirán su decadencia, conforme su elección sea cada vez más demorada. Manuel Mandeb, que casi siempre oficiaba de elector, observó que las decisiones no siempre recaían sobre los más hábiles. En un principio se creyó poseedor de vaya a saber qué sutilezas de orden técnico, que le hacían preferir compañeros que reunían ciertas cualidades.

Pero un día comprendió que lo que en verdad deseaba era jugar con sus amigos más queridos. Por eso elegía a los que estaban más cerca de su corazón, aunque no fueran tan capaces. El criterio de Mandeb parece apenas sentimental, pero es también estratégico. Uno juega mejor con sus amigos. Ellos serán generosos, lo ayudarán, lo comprenderán, lo alentarán y lo perdonarán. Un equipo de hombres que se respetan y se quieren es invencible. Y si no lo es, más vale compartir la derrota con los amigos, que la victoria con extraños o indeseables.

Pd 3: gracias a mis alumnas de 3ro segunda que me invitaron a verlas jugar y descubrir un hermoso deporte, y poder conocer gente muy valiosa para el deporte de la ciudad y de la región.

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