La Liga tuvo su tarde épica bajo la lluvia, donde la pasión por el deporte fue nuestro único héroe en éste lío…
Por Juan Mazzeo, cronista improvisado de hockey
El domingo amanece oscuro, gris, mi estado de ánimo está igual o peor de oscuro. En los peores momentos de mi vida siempre busqué refugio en lugares y acciones que me ayudan a mitigar dolores oscuros y espesos. Cargué la cámara en la mochila, me puse mi amuleto, ese que me regaló el Eric, y allá fui, a refugiarme haciendo fotos, a acompañar una experiencia deportiva increíble con mucho anclaje social, la tercera fecha de la Liga Cruzdelejeña de Hockey Social. Y fue épica.
Llegué cerca de las 11 a la zona norte de la ciudad y el predio ya estaba invadido por familias acompañando a las infancias en sus primeras experiencias deportivas. Al bajar del forcito ya no me sorprendí ver a un centenar de niñas, y algunos niños, corriendo, gritando, buscando en la mirada la sonrisa de un familiar para volver a seguir corriendo, gritando, jugando, siendo felices.
Risas, abrazos, choque de palos como saludo, rostros de dolor, algunas lágrimas, y muchas familias compartiendo un hermoso momento alrededor del deporte. Esa imagen ES lo que convierte al deporte en un acto social, político. No político partidario, sino “político” porque interviene en la vida de otras personas, les ofrece un motivo para el abrazo, el encuentro, el salir de lo virtual y reencontrarse con los afectos reales, obliga a los adultos a ser adultos en el tener esa responsabilidad de estar ahí con, y para, tú hija/o, sobrina/o, nieta/o. Y también construye responsabilidades en las infancias y adolescencias, el de respetar reglas de juego, cumplir horarios y aprender a aceptar las derrotas como un motivo para levantarse, mejorar y volver a intentar. Porque la vida es eso, caer, levantarse, caminar, caer, levantarse, caminar, y saber que en cada momento NO estamos solos, solas, que las derrotas compartidas en equipo se procesan mejor y que las victorias celebradas con esa familia de la vida que el deporte te regala, es un momento increíble. Y más si es bajo la lluvia.
La tercera fecha fue épica porque deja en evidencia la construcción social de la pasión por el deporte, esa pasión del “no me importa que caiga piedra, yo voy a jugar igual”, porque sabés que entrar a la cancha es olvidarse de todo y fluir detrás de la bocha, y que nada más importe hasta el último silbato. Sisí, ya sé que los remedios para la gripe son caros, que no tenemos tanta ropa seca y limpia para usar durante la semana escolar y con pronóstico de poco sol. Pero quién te quita lo bailado. Y en esta fecha volví a encontrar en muchísimos rostros “esa” pasión de ir a jugar sin que nada más importe. Y fue hermoso.












Sigo sin entender algunas reglas del juego, por ejemplo, cuando la bocha se levanta a qué altura se considera peligrosa, o cuando gritan “¡palo abajo, palo abajo!”, o lo de los cinco metros y el uso de las máscaras. Pero aprendí otros, lo del penal australiano es fabuloso, me dan ganas de meterme a jugar en ese uno a uno. O cuando salen corriendo antes de que se ejecute el penal corto y te sancionan.
Detrás de un arco una familia intentó cortar la lluvia con cruces de sal y fracasaron con todo éxito, dejando abandonado las reposeras para amontonarse en los ingresos a los baños, como para no mojarse tanto y zafar con un tafirol. Debajo del gazebo que protegía el equipo de sonido y a la gran locutora, mi amigo la Lili, encontré un lugar para seguir haciendo fotos porque en algunos momentos el agua se puso picante.
Los partidos de la siesta fueron intensos, mucho roce, algunas partes de la cancha con barro y una dupla arbitral que manejaron los partidos con mucha altura en un escenario complicado para interpretar intenciones en algunas jugadas. Es que nadie quiere perder, lógico, y ahí es donde el deporte juega un papel muy grande, el de transformar la derrota, la frustración, en una motivación para mejorar, para superarte a vos mismo. Porque en el deporte, siempre hay revancha, de una forma u otra, siempre hay revancha.
Fin del partido, foto grupal y la cancha vacía. No tengo idea de los resultados de cada partido, es que soy, al mismo tiempo, el que celebra en cada gol y el que grita para levantar al equipo para que no decaiga. Me voy pensando si las/los profes de La Victoria, Corzuelas, Unidos de Soto y Olayón, están tomando dimensión del trabajo social que llevan adelante en cada club, en cada escuelita de hockey. Una acción social que provoca un motivo para levantarse en cada caída de la vida. O como el deporte se convierte en mi único héroe, en este lío.












Domingo muy de noche, estoy editando las fotos, escuchando los Redondos y llorando. En las fotos me encuentro con muchos rostros felices, y ahí me da un bochazo el estribillo de una canción “cuando la noche es más oscura, se viene el día en tú corazón…”.
Qué buen refugio que es el deporte, gracias por permitirme compartir con ustedes y poder hacer el registro de una nueva y fantástica jornada. Hay una frase de Indio que resume mí domingo “llorarás con un ojo y, con el otro, te reirás…”.
Nos vemos en la última fecha.
Pd: ojalá el resto de los medios de comunicación de nuestra ciudad acompañen un poquito, alguito, al deporte local más allá de fútbol de varones. Eso también habla de nosotros como sociedad.
Pd 2: acompañen a las niñas, niños, adolescentes, ustedes no saben lo importante que es darse vuelta en medio del partido y encontrar una mirada familiar que te abrace.




























